Relato sensual ¿ Has probado con la boca?

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Galatea vio el pene erecto del maestro acercarse a la altura de su cuello y una mano con dedos finos y musicales que sacaba sus senos dentro del escote ya deformado. Tomándose el miembro erecto y sobresaliente el maestro lo acercó aun más y el resto lo emprendió la bella Galatea sin utilizar las manos.

Su boca buscó como un mamífero recién nacido el miembro del maestro y lo mordisqueo exhalando gemidos casi infantiles. La sensación de introducirlo en su boca hizo correr un temblor por el camino que marca su columna vertebral, desde el coxis hasta el atlas.

La bella Galatea miro a los ojos a su maestro y lamió la corona bordada que rodea al morado glande, observando que esta maniobra le resultaba gratificante. El pleno endurecimiento que presentaba ahora el pene del maestro hizo que Galatea se mojara a borbotones. Continuó sentada en el taburete de estilo al que seguía haciendo girar al ritmo de los cariñosos besos y chupadas de las que el maestro disfrutaba intensamente. Con los ojos abiertos este escuchó las palabras de Galatea, proferidas casi sin sonido. En movimiento sensual la boca ensalivada chupa y chupa abocada a la cabeza del pene y volvía con su lengua, por esta vez seca y áspera emprendiendo unos lengüetazos que recorrían el miembro poderoso, siempre mirando fijo y con los ojos inyectados de deseo tocándose los senos como si fuera otra. Con una mano el maestro se tomaba el miembro y lo movía dentro de la cálida boca de Galatea. Con la otra manoseaba los hinchados pezones de su alumna y olía su perfume que ahora se mezclaba con el aroma que exudaba desde abajo donde sus dedos hurgueteaban, entraban y salían generosos y rapidillos.

Los flamantes pechos de Galatea salidos de entre su ropa eran ahora metidos con ambas manos por el maestro. Galatea entonces introdujo en su boca el miembro del maestro y luego lo tomó entre sus manos. Por el orificio de la punta asomaba una gotita grisácea como una perla cuya blancura fuera destilada para hacer licor. Galatea no resistió y dirigiendo con sus manos el instrumento de su placer, frotó la gota contra uno de sus pezones, al que de tan vivo solo le faltaba latir. La gota llegó fría a su pezón y el contraste de lo frio con lo mojado y de lo caliente con lo frio, provocó al mero contacto una imperceptible multiplicación de su tamaño y multiplicación de su dureza, lo mismo ocurrió con el otro cuando el maestro lo rozó con su lengua casi seca.

Las pupilas de Galatea se habían estirado y observaba desde arriba los movimientos que la lengua de su maestro practicaba alrededor de su pezón. La mancha perfecta que lo rodeaba se oscureció y brilló ante las líneas de saliva frotada. Unos tubérculos diminutos sobresalieron formando una ronda a su alrededor y también se mojaron.

El maestro tomó a Galatea por la cintura y la invitó a erguirse, el maestro la observó y no se resistió tomarla del cabello poniéndola de rodillas frente a el, suplicando que volviera a besarle el miembro.

Galatea volvió a besar la cabeza del pene y el anillo que le rodeaba, luego lo hizo en línea recta en toda la superficie, desde la punta hasta cada uno de sus testículos, lamiéndoles, chupándolos suavemente. El maestro le pidió que le mire a los ojos, ella obedeció como cuando le pedía “sentir a fondo”. Lamió el vientre de su maestro y otra vez circundó la cabeza del vigoroso pene pero ahora con horizontales movimientos de su lengua, como pequeños latigazos horizontales que exacerbaban el deseo del maestro.

Con cada exposición de la bella lengua de Galatea, el maestro se hundía mas y mas en el brillo excitante de su saliva, que al mojarlo lo conmovía íntimamente. La bella Galatea bario sus piernas y se acaricio los muslos y los pechos con extrema paciencia. Luego con cada jadeo un pequeño llanto la estremeció más y al intentar ponerse de pie el maestro lo impidió introduciendo por completo el pene en su boca, podía sentir el recorrido de los movimientos lentos y apretados y el calor abrazador que le obligaba a aumentar el ritmo de los empujones.

Los labios de Galatea sabían ejercer la presión exacta y era acompañado por los movimientos libres de su lengua que avanzaban sobre el pene. Sus ansiosos senos se movían al ritmo de su traqueteo, y si hubiera estallado una granada, la onda expansiva hubiera sido apenas un zumbido comparado con los gemidos excitantes de Galatea y los profundos y fuertes suspiros del maestro.

Texto original: De las bellas y las artes
Salome Urtubey

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2 respuestas a “Relato sensual ¿ Has probado con la boca?

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