Relatos eróticos – Sexo Mudo

Muchas situaciones pueden ponernos a mil por hora cuando de placer sexual se trata;
Son contratos que omiten las palabras pues el deseo tiene su lenguaje propio donde apenas caben
algunos monosílabos u onomatopeyas que aumentan la excitación. En breve relataremos algunas situaciones
o personajes con el fin de que muchos se sientan identificados y con suerte humedezcan su ropa interior.

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Ansiedades

Con una mirada penetró todo mi cuerpo, su poder me recorría como un rayo, quemando todo en mi interior
… extraño era sentir como mi corazón ya no estaba en mi pecho si no palpitando en mi vulva que comenzaba a mojarse;
aun no habíamos pronunciado palabra alguna pero yo sabía que ya estaba lista para el ruedo.
Me puse de pie para alejarme un poco, pero con la yema de su dedo índice alcanzo a rozar tímida y rápidamente
algunos centímetros de mi vientre que estaban desnudos; continúe caminando hacia el cuarto útil, sobraban las palabras,
eso fue como una invitación para él que me siguió como embrujado por los movimientos de mis caderas.
No se necesitaron juegos, ni preliminares.
Se sentó en unas cajas arrumadas y me tomo de frente apretando mis senos mientras con desespero los metía en su boca, con
una mano libre corría mis tangas sin quitármelas, solo quería hacer espacio para que su mano acariciara libremente mi clítoris ya inundado;
lentamente se deslizaba hasta mi vagina y me penetró con su dedo medio, le indique como moverlo mientras cambiaba de pezón en su boca, quería
que me chupara duro y me apretará al tiempo; mis caderas tomaron su ritmo, el sonido de su dedo mojado entrando y saliendo de mi enloquecía mis deseos ,
de repente me volví a apartar, me miró sin hablar, le hice ponerse en pie, desabroché su pantalón y tome su pene con mis manos, lo moje con mis fluidos
y sugerí con cadencia candente que me penetrara. Fuerte!
Ahhhh, fue el primer sonido que salió de nuestras bocas y yo solo repetía; Dame más, duro, ahhh, así, profundo, mas…


 

Conmociones

Azucena siguió a escondidas hasta el campanario al joven sacristán del pueblo dando las 12 del medio día.
La experimentada que ya bordeaba los cuarenta y tantos esperó que sonaran las campanas en la bajada de las escaleras lo aguardaba con ansias locas de degustar las delicias del joven.

Doña Azucena qué hace aquí, le ayudo en algo?

Sin musitar palabra, con la seguridad de una felatriz empedernida lo empujo contra la baranda de la escalera, tomó su mano y la coloco en sus pechos, el pobre muchacho comenzaba a temblar sin saber que hacer mientras ella decía: Shhhhh

Atónito el joven aun masajeaba su seno como se lo había indicado, entretanto ella se dedicaba a
desabrochar de manera pausada el largo camino de botones de la bata que tenía puesta nuestro apuesto virgen.
A medida que iba bajando olía su pecho y de vez en vez acariciaba su lozana piel con la lengua;
disfrutaba sintiendo las respiraciones agitadas que le inyectaban más ardor a sus deseos.
No quería adelantarse ni afanar el momento en que llegaría a saborear su manjar…
Ya casi de rodillas y bajando la cremallera del pantalón el joven se sostenía con ambas manos del barandal de las escalas de caracol; quien sabe si rogando porque nadie subiera o pensando inocentemente que le deparaba su futuro próximo.
Al abrir totalmente el pantalón un temblor engarrotó todos los músculos del fino cuerpo de
Valentín, quien la miraba con temor, desconcierto, asombro y brillo en sus ojos. Su pene se conservaba flácido como una oruga, sin embargo el evento no desanimo a nuestra comensal que abrió la boca y con sus manos dirigió el blando miembro para comenzar a chuparlo con ganas…
como magia en cuestión de segundos la grandeza y el vigor inundaba la boca de doña azucena, al sentir tal rigidez y textura prosiguió lamiendo, besando intentando nuevamente tragarlo entero; lo tomo con su mano derecha y lo saco muy despacio de su boca, fijamente miraba los ojos de Valentín que no solo tenía su pene erecto ,también su cuerpo como una estatua de carne.
Azucena se concentró en consentir con sus labios y su lengua la puntica del miembro, lo besaba y hacia movimientos circulares desde el orificio del pene, por toda la cabeza y delineando su corona con tanto esmero como artista.
Las contracciones no se hicieron esperar, en su boca sentía como la sangre impetuosa recorría el enorme falo hasta hace unos minutos virginal.
Como un bon bon lo sacó sin dejar de succionar produciendo un sonido al hacerlo, con él humedecido de saliva y líquido seminal acarició su mentón y bajó por su cuello,lo albergó en medio de sus senos que estaban ya desnudos. Con ambas manos sostenía sus costosas y suaves protuberancias moviéndolas de arriba abajo ton tal destreza que Valentín comenzó a gemir aun pretendiendo hacerse el fuerte, sus ojos cerrados y apretados con fuerza eran una motivación más que deleitaba a doña Susy quien con el mayor fervor esperaba anhelante el agua bendita que brotaría de su fuente.

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