Ser mamá es una de las formas de amor más grandes que existen, sí…
pero también es una de las que más fácilmente nos hace olvidarnos de nosotras.
Porque creemos que amar es darlo todo. Y sí… pero no a costa de desaparecerte.
Lo he sentido en carne viva y lo veía con mi madre, pero solo pude entenderlo después de haber sido madre y fue precisamente lo que me hizo recapacitar y compartirte esta reflexión:
Hay algo que casi nadie nos dice:
una mujer que se siente bien consigo misma, disfruta más, conecta mejor…
y también ama más bonito.
Pero cuando te apagas, cuando te desconectas de tu cuerpo, de tu placer, de lo que te hace sentir viva… no solo te pierdes tú, también se pierde una parte de tu energía, de tu luz.
Y eso que aquí no estamos hablando solo de pareja, estamos hablando de:
- sentir tu piel
- disfrutar un momento contigo
- reírte sin culpa
- volver a descubrir qué te gusta
- recordar que sigues siendo tú
Porque antes de ser mamá…eres mujer y precisamente ese poder fue lo que le abrió paso a tu maternidad, ahora debemos aprender como llevar ambos roles juntos.
Se que uno de los obstáculos es que podemos pensar que somos egoístas y en algunos casos hasta nos preguntamos: "será que soy mala madre?" y ni que decir de las etiquetas de nuestro entorno. Y no, no es egoísmo, es equilibrio, bienestar y amor propio.
Tal vez hoy no tengas todo el tiempo del mundo y no sea perfecto, pero sí puedes empezar con algo pequeño:
Un momento a solas con tus pensamientos.
Un espacio para consentirte, por ejemplo haciéndote las uñas o el cabello.
Una decisión, aprender algo nuevo!
¡Volver a ti!
💜 Con cariño, de una madre para otra
Quiero recordarte algo importante:
no estás solo para los demás… también estás para ti misma.





